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El apego es necesario para crear vínculos afectivos y promover la crianza positiva de los niñ@s.

A continuación, enumeramos los tipos de apego, sus características y resultados, así podrás elegir cuál es el más adecuado para influenciar el desarrollo de tus hijos.

  1. Apego seguro: Ocurre cuando la figura de apego (cuidadores) guía el aprendizaje del bebé. Ayuda a responder positivamente a las emociones, así como a responder con certeza y seguridad a las situaciones nuevas. Resultado: son niños con seguridad en sí mismos, capaces de controlar sus emociones.
  2. Apego ansioso: Esta es una de las variables más dañinas para los niñ@s, pues basta con que la figura de apego sea ansiosa, para que esta condición se transmita al menor. Resultado: son personas a quienes les cuesta trabajo confiar. Son inseguras, estresantes y ansiosas.
  3. Apego ambivalente: Cuando los padres reaccionan positivamente de manera ocasional, es fácil transmitir miedo o enojo a l@s niñ@s. Resultado: Son personas inseguras, solitarias, con duda y conflictos ante situaciones nuevas.
  4. Apego evitativo: En este tipo, la figura de apego exige excelencia y busca criar niñ@s competitiv@s. Es fácil que conecten con hechos o situaciones, pero no con la esencia. Resultado: Adultos materialistas.

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Complicado, ¿no crees? Seguro que respondiste con otra pregunta como… ¿Y qué hábitos tengo yo? O ¿Por dónde empiezo? Si es tu caso, no te preocupes, puedo ayudarte.

Comencemos identificando que un “hábito” como tal, ya es una acción positiva, repetitiva y que se establece después de 21 días de realizarlo, sin pausas y sin excepciones. Piensa en uno que tú tengas y con ese podemos empezar; ten en cuenta siempre que es un proceso y cada niño va a distinto ritmo.

Todo hábito que como madre/padre tengas, se verá reflejado en tu pequeño; por lo que lo primero que recomiendo en materia de nutrición es brindarle un adecuado ejemplo. Un niño o niña imitará a sus padres por naturaleza, porque es lo más cercano que tiene con la realidad, fuera de su núcleo familiar y por ende cree que es lo correcto; recuerda que aún no identifica si los comportamientos de otras personas y hábitos de otras familias son o no adecuados. Y recuerda, los primeros 5 años son cruciales, perfectos para comenzar a formar hábitos en nuestros niños.

Sana alimentación

Si bien es cierto que los niños aprenden rápido, no olvidemos ir con un paso a la vez, evitando abruptamente introducir varios hábitos, ya que esto puede ser confuso o demasiado trabajo por hacer. Si a nosotros como adultos se nos complica, en ellos, es aún más común cometer algún error.

Y hablando de errores, uno de los más habituales es: ¡Premiar a los pequeños con comida! Generalmente con postres o dulces, esto provoca que comiencen inconscientemente a pensar que la comida es algo que “se deben ganar”, cuando en realidad es un derecho que tienen. Incluso pueden traducir como “castigo”, algunos otros alimentos que no son de su agrado, en vez de verlos como algo que les provoca un bien.

Esto también puede incrementar su ingesta y pudiéramos estarlos acostumbrando a comer en cantidades similares a las de un adulto, ya que cada vez que hacen algo bien, comen algo extra; en realidad, sin darnos cuenta estamos generando un daño que puede agravarse con el tiempo.

Otro error común es dejar que el menor realice actividades mientras come (ver televisión, redes sociales, utilizar juguetes, platicar, jugar con otros niños); obstaculizando la capacidad de identificar cuando están satisfechos y, dependiendo del caso, pueden comer mucho menos de lo que necesitan o excederse en volumen y kilocalorías. Incluso pueden aparecer síntomas como hipo, flatulencias y dolor abdominal, al no dar un tiempo exclusivo para su alimentación.

alimentación infantil

Yo te propongo ir introduciendo hábitos en orden. Algunas de las principales acciones que recomiendo en cada hogar y para todos sus miembros son:

  • Lavarse las manos antes de comer cualquier alimento, bebida o medicamento y después de ir al baño.
  • Establecer 5 tiempos de alimentación divididos en desayuno, comida, cena y dos colaciones/snacks pequeños intercalados entre las comidas principales.
  • Fomentar la hidratación: exclusivamente agua natural y dejar los jugos, refrescos y leche para horarios y días específicos. Esto incluye la vigilancia en la cantidad de agua ingerida.
  • Establecer en qué horarios se van a realizar las comidas y respetar cada día esa regla.
  • Llevar un calendario y palomear cada acción del día, para evaluar al final del mes, el avance del pequeño. Si lo ven de manera gráfica es más fácil de entender y recordar sus errores.
  • No premiar a los pequeños con comida y explicarles que hay alimentos que deben consumirse con moderación y otros libremente, todos los días.
  • Sentar a los niños a la mesa con la familia.
  • Fomentar la actividad física que el niño elija, se vale experimentar hasta encontrar el ideal y, de ser posible, hacerlo en familia para mayor motivación.
  • Acudir a una valoración nutricional al menos cada trimestre y en caso de que el especialista lo recomiende, llevar un tratamiento nutricional personalizado para un mejor control, optimizar su estado nutricional actual y asegurar su crecimiento y desarrollo.

En conclusión, al igual que la educación, debemos cuidar de la salud de nuestros niños para formar adultos sanos y prevenir las enfermedades crónico degenerativas, que hoy en día afectan a la mayor parte de la población mundial.

 

Por: Jesica Gabriela García Morgado. C.P. 11487372.

Por: Psic. Andrea Aldama

 

Podemos comenzar diciendo que la empatía es una habilidad que los seres humanos tenemos para comprender los sentimientos y emociones de otras personas y además, responder con emociones complementarias, es decir, “entender lo que la otra persona está sintiendo desde su mundo aunque nosotros no estemos sintiéndonos así”. 

 

La edad en la que los niños comienzan a desarrollar empatía es alrededor de los 4 o 5 años. En esta edad se comienza a desarrollar la teoría de la mente, que es la capacidad que tenemos los seres humanos de ponernos en el lugar del otro para poder predecir sus creencias, intenciones, preferencias a través de su lenguaje corporal, expresiones faciales, su voz, etcétera y así hacer una suposición de cómo actuará la otra persona.

 

Los cuidadores deben aprender a ser empáticos con sus hijos, ya que así podrán ayudar a calmarlos y tranquilizarlos en los momentos en que ellos estén experimentando emociones que no pueden regular, como el miedo, la tristeza o el enojo. Esto se logra enseñándoles a reconocer y expresar sus propias emociones y, por otro lado, los cuidadores deben aprender a aceptar las emociones de sus hijos y no juzgarlas ni criticarlas.

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La empatía no aparece de repente en los niños o niñas, es un proceso que se va adquiriendo a lo largo de su desarrollo evolutivo y experiencias que van viviendo. Pero los padres ¿cómo pueden ayudar a que su hijo o hija sea empático? Lo fundamental es que, en un primer momento, los padres sean empáticos con ellos, este es el mejor aprendizaje. Los niños aprenden de lo que ven y, sobre todo, de figuras significativas.

 

Existen tres niveles de empatía:

  1. Empatía emocional: Se refiere a la capacidad de reconocer la emoción que está sintiendo la otra persona. “Sergio, veo que estás triste”.
  2. Empatía cognitiva: Se refiere a la capacidad de entender los motivos de sentir dicha emoción. “Sergio, entiendo que te sientas triste, porque Juan no te prestó su juguete”.
  3. Empatía con cambio de perspectiva emocional: En este tercer nivel, se pretende cambiar la perspectiva, pasamos de identificar la emoción en tercera persona a primera persona. “Sergio, yo en tu lugar también me hubiera sentido triste, si Juan no me hubiera prestado su juguete”.

 

La empatía se debe practicar en todo momento en casa. El papel del adulto es fomentar que sus hijos expresen sus emociones y sentimientos. Los padres también deben de expresarlos, para que los infantes puedan replicarlos en su vida diaria, en la escuela, con sus amigos, etc.

 

Nadie conoce mejor a su hijo que la persona que lo cría y guía en su crecimiento, por lo que el adulto tiene el papel de crear un ambiente de confianza y calidez para que sus hijos se sientan cómodos al expresar sus ideas y pensamientos.

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Los padres podrán tener una escucha activa, es decir, prestar atención e interés a lo que ellos están comunicando, a sus gustos y preocupaciones. No hacer juicios o poner etiquetas y si cometen errores, aprender con ellos y hacerles ver sus errores optando siempre por la flexibilidad y empatía.

 

Toma en cuenta que los niños aprenden imitando, así que actúa como te gustaría que ellos lo hicieran, predicando siempre con el ejemplo.